Espina bífida tipos, causas, síntomas y tratamiento dolor lumbar derecho tratamiento

• Meningocele. Se desarrolla como un quiste o hernia de las meninges y está lleno de líquido cefalorraquídeo. En ocasiones puede contener una parte de la médula o de las raíces, aunque estas funcionan correctamente. Normalmente, esta protuberancia está cubierta de piel, pero puede haber casos en los que no la presentan. Su frecuencia es de 10-15% en pacientes de espina bífida quística. Es de bajo riesgo, ya que no suele haber daños en la médula espinal ni perdida de los impulsos nerviosos.

• Mielomeningocele. En esta forma de espina bífida quística la protuberancia de las meninges contiene líquido cefalorraquídeo y partes de la médula espinal, comprometiendo las raíces nerviosas y afectando seriamente las funciones neurológicas.


El quiste no tiene una capa de piel que lo cubra, por lo que el tejido se encuentra expuesto. Se presenta en el 80% de los casos de espina bífida quística y es la variante más grave, debido a las numerosas complicaciones que pueden producirse, como meningitis, hidrocefalia y parálisis parcial o completa del cuerpo por debajo del lugar de la malformación, con posibilidades de disfunción intestinal y urinaria.

• Lipomeningocele. A diferencia de las otras variantes de espina bífida quística, la protuberancia contiene tejido lipomatoso y se filtra a través de los arcos vertebrales incompletos, entrando en contacto con la cavidad medular y presionándola, por lo que podrían verse afectados las funciones de la misma y los nervios. Es una variante poco común, pero considerada grave por las posibles alteraciones neurológicas que pueden producirse al comprimir la médula, llegando a producir parálisis parcial. No obstante, existen casos en los que existe una sintomatología leve.

No existe un tratamiento para corregir la espina bífida, los daños que se hayan producido o la pérdida de los nervios involucrados. No obstante, pueden realizarse una serie de métodos para controlar y evitar futuras lesiones; estos dependerán del tipo de espina bífida y posiblemente se intervenga en las primeras horas del nacimiento.

El paciente con espina bífida oculta no necesita, generalmente, un tratamiento ni cirugía, ya que no suele involucrar los nervios ni produce otras lesiones. Sin embargo, quizás sea conveniente que visite al médico para revisiones periódicas, a menos que le indique lo contrario. La intervención quirúrgica en las variantes de espina bífida quística es imprescindible. Consiste en eliminar el bulto o protuberancia con líquido que se observa en la espalda, tratando de conservar la mayor proporción de tejido neurológico, y cerrando la lesión. Con esto, además de reducir y evitar más daños en los tejidos y nervios, se previenen infecciones por la exposición de los tejidos a microorganismos dañinos y complicaciones como meningitis e incluso parálisis.

Cuando otros elementos del cuerpo se han visto comprometidos se prosigue a algunas cirugías para remediarlos, como ocurre al producirse hidrocefalia y tiene que drenarse el líquido cefalorraquídeo, o para mejorar las funciones de las extremidades o cadera.

Por otra parte, posiblemente se requiera de tratamientos fisioterapéuticos dirigidos mayormente a la realización de ejercicios físicos, aunque pueden ir acompañados de otras técnicas utilizando luz, calor, frío o agua. El propósito es ayudar a que el paciente se movilice con mayor facilidad y otorgarle hasta cierto grado independencia. No obstante, el resultado de los ejercicios dependerá de las lesiones que haya producido la espina bífida. Las técnicas fisioterapéuticas serán establecidas por el especialista y se irán modificando según lo requieran las necesidades del paciente con espina bífida. Asimismo, en muchos casos es necesario el uso de aparatos ortopédicos, como muletas o sillas de ruedas.